
Víktor Korchnoi quedó huérfano de padre en la segunda guerra mundial. Su espíritu de lucha, que tanto marca su ajedrez, comenzó con las duras batallas que tuvo que mantener para sobrevivir durante su infancia y parte de su adolescencia: robó las cartillas de racionamiento de los bolsillos de los muertos durante el cerco de Leningrado por los alemanes, y tuvo que arrastrar los cadáveres de su abuela y de un tío abuelo durante varios kilómetros para enterrarlos en el cementerio.
Aprendió a jugar a los 6 años y con 14 es descubierto por el director del club de ajedrez de su ciudad: Zak (Rusia). Ahí comienza una carrera brillantísima que incluye 4 Campeonatos de la antigua URSS (1960, 1962, 1964 y 1970), I final de Candidatos al título mundial (1974) y 2 subcampeonatos del mundo (1978 y 1981).
Korchnoi rompió todos los tópicos de la edad, que afirma que la madurez deportiva se alcanza entre los 25 y los 35 años, para, luego, iniciar un lento declive. Korchnoi no tuvo su primer éxito internacional hasta los 23 años, en el torneo de Bucarest de 1954. A los 24 su eterno rival (Anatoly Kárpov) era campeón del mundo. Pero Korchnoi alcanzó el culmen de su carrera a los cuarenta y ocho años.
Korchnoi estuvo tres veces a las puertas del campeonato del mundo. En 1974 perdió la final del Torneo de candidatos ante Karpov en Moscú. El vencedor debía enfrentarse a Bobby Fischer. En 1978, ya exiliado y considerado como un traidor por la dictadura comunista, fue, por primera vez, candidato a campeón del mundo. El encuentro fue dramático, lleno de polémicas y que mereció la atención de todos los medios de comunicación por la presencia de parapsicólogos, tensiones políticas; de la guerra de yogures, etc. Perdió por 5 a ¬6, después de tener en su contra un 5-1, (una de las mayores «remontadas» de la historia del ajedrez). La segunda vez perdió más claramente.
Korchnoi, aun hoy en día, es el prototipo del jugador rebelde, no sólo por su juego de ataque y antidogmático sino en su vida personal. Su polémica con las autoridades soviéticas fue legendaria. Un escándalo para la pacata nomenclatura comunista que tenía sometida bajo su puño de hierro a toda la sociedad. Huyó de la URSS tras el encuentro contra Kárpov de 1974, y durante algunos años estuvo jugando con el cartel de apátrida, antes de adoptar la nacionalidad suiza. Korchnoi vivió su evolución como ajedrecista a la sombra de otros grandes nombres de la época, como David Brónstein, Tigran Petrosian, Vassily Smyslov y otros. La marginación social, deportiva y política que sufrió este gran luchador (que manifestaba abiertamente que Fischer le caía «simpático», por entonces la bestia negra del régimen) le obligaron a exiliarse a Suiza en 1976. Una decisión que le valió el boicot de los jugadores de la antigua URSS de 1976 a 1984 (impuesto por supuesto desde el «aparato político soviético» de la época).
El ajedrez de Korchnoi es combinativo e imaginativo, siempre al borde del abismo. Lucha hasta el final en cada partida y plantea tal cantidad de problemas que se le ha apodado, con razón Víktor el Terrible. Se caracteriza por su gran capacidad defensiva y de contraataque que le hace jugar posiciones que para otros ajedrecistas seria indefendibles. Su único punto débil es el reloj por sus frecuentes apuros de tiempo. El secreto de su longevidad deportiva: desayunar caviar... y haber dejado de fumar hace algunos años (durante toda su vida, Korchnoi ha sido un empedernido fumador). Siempre juega para vencer, quienquiera que sea su adversario.